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Colombia: plegarias nunca atendidas

Hace un tiempo leí el libro La sociedad del descenso del sociólogo alemán Oliver Nachwey. La tesis central del libro parte de lo que el autor denomina como “modernidad regresiva”, fenómeno histórico y económico actual caracterizado por la precariedad laboral y la dificultad de ascender en la escala social. Lo que intenta demostrar el autor es que el crecimiento económico no impacta ya sobre la vida cotidiana de las personas y esto, que entendemos como desigualdad social, es causado por la separación de facto entre el crecimiento económico y las actividades de producción y manufactura.

El autor empieza su libro hablando de la Europa de la Posguerra y de cómo la social democracia fue la respuesta definitiva que los países del lado occidental de Europa —Francia, Inglaterra y Alemania Occidental— dieron a la amenaza del comunismo ruso. Con la social democracia, muchas personas lograron trabajo bien remunerado, ahorros, vacaciones, casa, auto, etc. La social democracia permitió que en estos países la lucha de clases, como bandera del comunismo, llegara a su fin porque si bien había ricos estos iban en el mismo ascensor de progreso que el resto de las personas.

Durante ese tiempo se consolidó el renombrado Estado de Bienestar Europeo, que hoy se encuentra en decadencia por la manera en que los poderes económicos han penetrado en la política para arrebatarle fuerza a la democracia. Fue también el Estado de Bienestar dado por la social democracia la que permitió que las mujeres se educaran masivamente, comprendieran su lugar en la sociedad y salieran a la lucha por sus derechos.

Hoy, dice el autor, ese ascenso social es ya una cuestión del pasado y por eso en Europa se han presentado demandas sociales. En algún momento del libro, el autor señala que los jóvenes ya no pretenden una vida de aventura económica y que, dada la precariedad laboral, prefieren un trabajo con el Estado donde no se sube, pero tampoco se aguanta hambre.

En Colombia como en la Europa actual también se materializa la precariedad laboral; en Colombia como en Europa el crecimiento económico beneficia a unos pocos; en Colombia como en la Europa actual también la gente está en las calles.

Pero en Colombia nunca hubo social democracia ni Estado de bienestar. En Colombia nunca hubo ascenso social. Los europeos inventaron una opción concreta a la amenaza del comunismo. Aquí hace más de cincuenta años nos amenazan con el comunismo, pero no nos dan una mejor opción. Nos castigan con una precariedad eterna en la que unos pocos viven bien, mientras muchos comen mierda.

Al pueblo colombiano nunca le han atendido sus plegarias. Aquí sigue viva la lucha de clases porque ricos y pobres nunca han viajado en el mismo ascensor. Si ayer miles de jóvenes queman un CAI o cierran una vía no es solo porque se proteste contra la policía. También se protesta contra la desigualdad nunca atendida, contra la ignominia a la que prefieren llamarle vandalismo.

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