En medio de la emergencia, el único asomo de esperanza es el sol. Mis vecinos salen a la calle, miran al cielo y se les encandila la cara de sonrisa. Llevamos tres días de sol. Nadie se atreve a decir, aunque lo piense, que este sol es de agua.
Ante tanta barbarie cometida contra río, ciénagas y humedales, es la misma naturaleza la esperanza. No hay palabras de poetas, gurúes o discursos de ninguna autoridad que puedan darnos la esperanza que un sol continuo y potente nos da. Nunca se imaginaron mis vecinos, lenguaraces contra el sol severo, rogar para que arda, mañana y tarde, el fuego del cielo.
Los niveles de agua han bajado un poco, algunas calles se vuelven más transitables, el cielo está abierto por fin. El infierno no ha sido de fuego, sino de agua. Y algo habrá cambiado cuando en un futuro más seco, nos toque pensar dos veces antes de maldecir el solazo y la caló.





