Hoy hace 85 años murió en un accidente aéreo en Medellín Carlos Gardel, el más grande artista argentino. Pero este texto no trata sobre él.
La historia es muy conocida: el día del accidente, Gardel partía de la capital antioqueña con toda su agrupación. El avión, tripulado por Ernesto Samper —tío abuelo de los Samper que todos conocemos— chocó con otra aeronave en el Aeropuerto La playa, como entonces se llama el Olaya Herrera. El trágico accidente dejó 15 víctimas mortales, entre ellos un letrista llamado Alfredo Le Pera. Y sobre Alfredo Le Pera trata este texto.
Alfredo Le Pera nació 1900 en Sao Paulo. Aquello fue un simple azar porque sus padres, italianos ambos, tuvieron que hacer una escala en la ciudad brasileña para que la madre de Alfredo diera a luz. Su destino, desde que salieron de Italia buscando un mejor futuro, era la Argentina, país suramericano que desde mediados del siglo XIX y principios del XX recibió a millones de italianos, franceses, alemanes, gallegos, etc. De ahí que se diga siempre que, mientras el resto de países latinoamericanos descienden de los indígenas o africanos, los argentinos lo hacen de los barcos.
Alfredo Le Pera, antes que letrista, trabajó primero como crítico y traductor de películas. Después vino la sociedad con Gardel, que por entonces era un reputado cantante. Aquella sociedad demoró apenas tres años y se vio interrumpida por la muerte de los dos en el accidente aéreo en Medellín. Sin embargo, es durante aquel tiempo en que el cantante argentino alcanzó una nueva dimensión en su figura como cantante y actor, impulsado, sobre todo, por las letras de Alfredo Le Pera.
Los títulos de las canciones que escribió Le Pera están siempre en los listados de grandes éxitos de Gardel: «Por una cabeza», «Cuesta abajo», «El día que me quieras», «Volver», «Amores de estudiante» (mi favorita), «Mi Buenos Aires querido», «Sus ojos se cerraron» (canción que le da título a una película interesantísima sobre la vida de Gardel), «Arrabal amargo», etc.
Esta fecha invita a una reflexión. En internet circulan muchas notas sobre Le Pera que hablan de su importancia en la vida artística de Gardel. Pero siempre el letrista aparece detrás del cantor. Hoy se recuerda a Gardel, y no a Le Pera. Gardel era la estrella, Le Pera era el letrista. Y sin embargo, las canciones que suenan en voz de Gardel son las que escribió Le Pera. ¿Qué hubiera sido del uno sin el otro? Difícil saberlo. Pero así funciona el mundo: nadie se hace grande por sí solo. Nadie es una isla en sí mismo, dice aquel poema que conocimos a través de Hemingway.
Un genio es tal porque otros genios contribuyen para que lo sea. Hace poco vi en Netflix «El último baile», documental de diez capítulos que cuenta la historia de los seis títulos de Michael Jordán con los Bull de Chicago durante la década de los noventa. Sobre este documental hablaré más adelante, pero ahora me resuena una frase que dijo Jordan en uno de los capítulos: ninguno de aquellos seis títulos hubiesen sido posibles sin la presencia de Scottie Pippen y Dennis Rodman. Otro ejemplo que constata esto es Lionel Messi, quien no ha vuelto a ganar un título en Europa desde que Xavi e Iniesta se retiraron del Barcelona. La inmortalidad que hoy cubre a Jordan, a Messi y a otros tantos deportistas y artistas es posible gracias a que, como genios que eran, tuvieron a su lado a otros genios.
Gardel es un incuestionable grande de la música latinoamericana. Pero esa grandeza es indiscutible gracias las canciones que escribió un tal Alfredo Le Pera.





