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Dayro Moreno y diez más

Dayro Moreno, convocado a la Selección a 15 días de cumplir cuarenta años, es, como dicen los futboleros de ahora, aura pura. Se resiste al retiro, a la vejez y a los mitos del deportista saludable. Para qué nos sirvió, en la Selección Colombia, digo, el semblante de Clark Kent de Radamel Falcao; para qué nos ha servido su vida idílica: su paternidad prolífica, su diezmo puntual y generoso. Para qué nos ha servido, en la Selección, digo, un tipo sin carácter como Radamel que, siendo el más talentoso delantero del mundo, toma la decisión de irse a Mónaco y renunciar a la gloria.

Por eso nuestro héroe real siempre fue Teófilo Gutiérrez. El antihéroe, más bien, que tampoco triunfó en Selección (nadie triunfa ahí), pero que decidió seguir marcando cada estadio y cada club al que llegó. El chirrete patijunto se consagró rey de América y revolucionó, por bueno y por malo, todo el fútbol argentino. En ningún club se arrastró, como le ocurrió a Falcao la segunda mitad de su carrera. Teo dio justo lo que se esperaba de él.

James es más de lo mismo. De qué valen sus Champions si las ganó sentado en el banquillo. Más dinero, más fama, más lujos… menos gloria. James, después, quiso ser el antihéroe: las polémicas lo perseguían y aún lo persiguen. Y en eso también es inferior al gran Teo Gutiérrez.

Se necesitan grandes personajes para escribir grandes historias. Las payasadas forzadas de Jhon Durán y Marino Hinestroza en Selección no conectan con la hinchada patria. Arrogantes a la fuerza y no le hacen un gol ni al arcoíris cuando juegan las Eliminatorias. El uno fracasa en Libertadores y el otro no dura dos temporadas en un equipo, no se deja querer ni de su madre. Emulan la arrogancia de Cristiano Ronaldo y el fútbol de mi tío borracho y cojo.

Necesitábamos, entonces, otro héroe o antihéroe con el que identificarnos; el cine nos enseñó a amar a unos y a otros por igual. Dayro Moreno llegó imitando, no la arrogancia, sino la vigencia de CR7, haciendo goles nacionales e internacionales con 40 años. No es el tamaño de la grandeza de Cristiano la que comparo —eso es incomparable—, es la capacidad para seguir jugando al fútbol profesional con dignidad: rompiendo récords de goles y aportando a un equipo que muchos en Colombia se abstienen de llamar grande, como el Once Caldas.

Dayro Moreno en la Selección Colombia es una gran historia que contar para los cronistas del fútbol; es la narrativa perfecta cuyo desarrollo vamos a querer ver, el motivo para interesarnos en la Selección nuevamente. Todos queremos saber qué va a pasar con el veterano que fue convocado a pesar de jugar en un equipo mediano de la liga local, con el que hace fiestas de tres días, derrumbando la imagen mojigata que nos había dejado Falcao de los futbolistas; con el tipo que lucha contra la calvicie que lo acecha, el tipo que llegará a la Selección a bailar, por fin, algo distinto a Salsa Choque.

En una Selección fracasada y sin historia, cómo me alegra la posibilidad de poder ver y contar la historia de un futbolista calvo y tatuado, de 40 años, que le tocó ponerse el uniforme de Colombia para podernos llevar al Mundial, porque la juventud altanera no pudo.

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