Es difícil evitar que la gente de Córdoba vote el próximo 8 de marzo por el petardo de Edgardo Espitia. Mencionarlo en este humilde espacio que no lee ni mi bella madre, es contraproducente para lo que aquí quiero expresar, que es algo muy simple: no nos dejemos llevar por el aluvión publicitario del calvo arribista y politiquero de moda.
La cara demacrada de un tipo enfermo de riqueza como Edgardo Espitia Cabrales, me recuerda a John Kramer, el personaje con cáncer de la película Saw. Cara pálida muerte, calva resbaladera de piojos, terrorífico y llevado como el señor Burns. Está su rostro demacrado en todos los lugares posibles de Montería. Carteles enormes en las avenidas, carteles en las camionetas de la ciudad, carteles en los muros, en las tablas de las corralejas y en las tablas de las casuchas de las invasiones.
Pero sus propuestas son vacías, como siempre, los políticos locales le apuestan todo a la compra de votos y a una maquinaria publicitaria que abruma. El video en el que pretende vendernos su vida como una historia de cero privilegios empieza: Crecí en el barrio Costa de Oro. Nojoda, Rosa, de los primeros barrios ricos de Montería y nos vienes a vender el cuento de que no eres privilegiado. Mientras él estudiaba en la Salle, mi madre vendía bollo en las calles de Santander.
Olvidémonos de ese gallo tapao, de ese prospecto de la corrupción, de ese caballo de Troya del carterismo de escritorio, que seguro terminará como sus congéneres: el Barguil y sus investigaciones en La Corte Suprema de Justicia por contratos irregulares en obras del Caribe; del ridículo supremo de Wadith Manzur, citado a indagatoria en la Corte Suprema de Justicia por el caso la Unidad de Gestión de Riesgos e Invías; de Ana Paola García, mujer del exalcalde de Buenavista, preso por paraco y ladrón.
Son, sin embargo, en esta época de elecciones, los únicos que se ven en las vallas publicitarias de la ciudad. No les tiembla la cara para sonreír públicamente y pedir el voto, cuando tienen a cuestas infinitas irregularidades. Pero el más sonado es el desahuciado del Edgardo mentado este, que me obliga a burlarme de su aspecto físico ya que no puedo criticar sus propuestas, porque no tiene.





