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El magnicidio insignificante

¡Por qué sus necesidades son más grandes que las nuestras! ¡Por qué sus posibilidades son más grandes que las nuestras! Son más grandes sus casas, son más grandes sus escuelas, son más grandes sus templos. Sus cenas son en grandes mesas, en adornados manteles, en grandes platos. Son enormes sus oficinas, con grandes ventanales de magníficas vistas. Todo, absolutamente todo en ellos es de magnificencia.

Sus palabras también. Ellos no hablan, son grandilocuentes. Ellos no callan, son circunspectos. Ellos no visten, están engalanados. Perfumes de eternos olores que impregnan calles enteras los identifican y amplios carros de chóferes uniformados los transportan. Son grandes sus públicos cuando dan los grandes discursos.

Sus vidas, sus impolutas vidas siempre han sido cómodamente grandes. Y sus muertes, a toda costa, también quieren venderlas gigantes. Miguel Uribe Turbay es un muerto sin talla. Una muerte que van a querer prolongar como son de largas las campañas presidenciales. Una muerte, y no querrán aceptarlo, que tendrá rápidamente la benevolencia del olvido.

Es hacerle un flaco favor a un cuerpo yerto atarle un yunque a su alma con tanto intento de exaltar lo que en vida fue común. Justicia y olvido, es lo que tendrá Miguel Uribe. Justicia y olvido es lo que debe tener. Que lo recuerden y lo lloren sus cercanos, pero no le quieran endilgar a la historia de Colombia un magnicidio más. Nada aquí es magno. Es un homicidio cobarde como el de tantos líderes sociales. Y si a ellos los arrastra el olvido, a ustedes, con toda la misma razón, también.

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