Ha nacido la revista Lapsus Calami. Ha nacido sin bulla y sin anuncios pomposos. Ha nacido así: en silencio. Lapsus Calami es hija de dos revistas fracasadas: Erratas y Formas Circulares. Y por eso, como sabemos cuánto pesa el ruido de los comienzos y el silencio las derrotas, hemos querido ser coherentes con los hechos pasados y hemos optado por guardar silencio en este natalicio para que, cuando llegue la derrota, no se nos señale, no se nos extrañe y no se nos recuerde.
Nosotros tuvimos veinte años —y a ratos un corazón vagabundo—, pero ya los cuarenta están a la vuelta de la esquina, y por eso esta revista es fruto del escepticismo y del desgano que producen los años y la experiencia. ¿Qué buscamos con otra revista? Ni nosotros lo sabemos. O al menos yo no lo sé.
No hay aquí ningún compromiso con la escritura y la publicación constante. No hay aquí ningún compromiso con seducir lectores prostituyendo la opinión. No hay aquí interés alguno en participar de los debates virales de redes sociales. No hay aquí el deseo de cazarnos con grupillos, sectas y minorías posmodernas. Hay sí el compromiso de escribir cada que haya tiempo. Hay sí el compromiso de hablar de literatura y de satirizar a los inmortales y a los imbéciles. Hay sí el deseo de cantar canciones del pasado, de hablar de libros del pasado y de reflexionar sobre los ardores del pasado.
Nace Lapsus Calami como un error, como algo que nunca debió pasar, pero a falta de propiedades materiales que presumir, presumimos una nueva página que desde ya está llamada a morir. Ha nacido en este tiempo en que los políticos, los artistas, los intelectuales, las prostitutas, los abogados y los académicos actúan como influenciadores para mantenerse vigentes. ¿Es ese también nuestro destino?
Ha nacido Lapsus Calami y es algo que ya no podemos evitar. Ha nacido con una consigna: ¡Viva Palestina libre!, ¡Abajo el estado genocida de Israel!
¡Y que viva Gustavo Petro!





